REFUGIADOS: ¿Los mismos trenes?

foto del digital CTXT

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Se quedó como hipnotizada, clavada en el sitio, de pié frente a la pantalla. Miraba las imágenes, pero veía algún punto infinito mas allá, medio siglo atrás. “Son los mismos trenes….”, dijo quedo. ¿qué haces parada?, ¿dónde vas?, pregunté sin entender.

“…los mismos campos, ¡y ahora también quieren meterlos en prisiones!, …la misma desesperación”, zanjió, sin mayor explicación, al reanudar su marcha. Tardé en entender qué veía en esas imágenes de Hungría.

Revivía la huida 70 años atrás de la avalancha de españoles que, hasta un medio millón y en cuestión de días, cruzaron las fronteras con Francia. Pocos días después, algunos medios hicieron la comparación de las imágenes de un drama distinto, pero demasiado parecido.

No era solo la falta de color, ausente entonces, no solo porque ni la fotografía ni el cine eran capaces de reproducirlo, sino porque entonces realmente la oscuridad de sus ropajes se confundían con la de los trenes y uniformes, en gran contraste con la copiosa nieve que a tantos enterró antes de encontrar refugio, en aquel duro invierno.

También las medidas adoptadas fueron parecidas pero distintas: aunque los improvisados campos no tenían condiciones -en especial las tórridas playas de Argeles-, en la mayoría de los centros les distribuyeron agua y algún alimento -así fuera una infame sopa de guisantes-; separaron a los enfermos; les permitieron salir a trabajar, siempre que algún nacional se hiciera responsable; permitieron a la Cruz Roja Internacional asegurar las re-unificaciones familiares, y los niños fueron escolarizados en las mismas escuelas de los nacionales.

Otra cosa es cuando los nazis llegaron y, con la complicidad de gobierno francés colaboracionista de Vichy, asumieron las gestión de esos campos como el primer experimento de la basta red de exterminio que luego organizaron.

Así que, volvemos al principio: ¿son los mismos trenes?, ¿el mismo trato?.

El de las autoridades Húngaras es realmente demasiado parecido -incluso comparativamente peor-, con el agravante de que han pasado 70 años, vivimos en el continente más rico y democrático aliados por una Unión que se forjó precisamente por abominar de todo aquello.

Y para demostrarlo, algunos gobiernos -pocos, demasiado pocos- los han acogido, con trenes usuales y mas modernos, con organización civil y asistencial mas que policial o militar…. Y en los demás, la sociedad civil decidió tomar la iniciativa, declararse ciudad de acogida, organizar recibimientos, canalizar la asistencia pública y privada, mostrar con infinitos gestos individuales y colectivos que si no somos capaces de parar la guerra de la que huyen, debemos acogerlos, podemos acogerlos, …. como hicieron con nosotros, e hicieron a nuestros ancestros.

Y como todo es demasiado parecido, pero también distinto, la sociedad francesa también se volcó hace 70 años, salvó a muchos españoles del hambre y la persecución, incluso después, con los nazis allí, a riesgo a veces de sus vidas. Claro, también los hubo que nos etiquetaron “espagnol saló”.

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